El Banco Central ajustará mensualmente el techo y el piso cambiario según el IPC del INDEC. El giro contradice el discurso oficial previo y expone la fragilidad del esquema económico.

El Gobierno anunció un cambio sustancial en su política cambiaria: a partir del 1 de enero de 2026, el techo y el piso de la banda de flotación del dólar se actualizarán mensualmente en función del último dato de inflación publicado por el INDEC. La medida, presentada como parte de la denominada “fase III” del programa monetario, busca aliviar la presión sobre las reservas del Banco Central, que arrastran un rojo cercano a los 17.000 millones de dólares.
El giro no pasó desapercibido. Llega en un contexto de inflación en ascenso, con un esquema cambiario que perdió respaldo real y con un Ejecutivo que, hasta hace pocos días, descartaba de plano cualquier modificación a las bandas vigentes.
Un volantazo que contradice el discurso oficial
La decisión contrasta con las posiciones públicas que sostenían el presidente Javier Milei y el ministro de Economía Luis Caputo. Ambos defendieron reiteradamente la rigidez del esquema cambiario y aseguraron que no sería alterado. Milei llegó a calificar como “precarias intelectualmente” a las propuestas que sugerían ajustes en el tipo de cambio, mientras que Caputo insistía en que el sistema estaba “consolidado”.
El anuncio oficial, sin embargo, marca un cambio de rumbo evidente. La actualización automática por inflación reemplaza el ajuste fijo del 1% mensual y deja al descubierto las inconsistencias del programa económico y la dificultad del Gobierno para sostener sus propias definiciones frente a la realidad del mercado y la pérdida de reservas.
Qué implica el nuevo esquema de bandas
Desde 2026, la banda de flotación del dólar se moverá al ritmo de la inflación doméstica. En la práctica, esto significa que el techo y el piso del tipo de cambio acompañarán la suba de precios internos, sin considerar la inflación internacional ni la evolución del dólar en otros países.
El Gobierno intenta así evitar que el techo de la banda siga cayendo en términos reales y reducir la necesidad de vender reservas para sostener el esquema. Al mismo tiempo, reconoce de hecho que la política anterior dejó al peso cada vez más desprotegido.
Riesgos inflacionarios y presión sobre precios
En paralelo, el Banco Central anunció que planea comprar hasta 17.000 millones de dólares durante el año, una señal dirigida a los mercados financieros y a los economistas de la City, que cuestionaban la negativa oficial a acumular reservas. El problema es que esta estrategia puede generar un efecto colateral inmediato: mayor presión sobre el dólar y, por arrastre, sobre los precios.
La inflación, que desde hace más de medio año dejó atrás la desaceleración, muestra una curva ascendente. Un dólar que sube al ritmo del IPC —o incluso por encima, si hay tensiones— puede recalentar aún más los precios de alimentos, servicios y turismo, profundizando la pérdida de poder adquisitivo.
Un “sendero de desinflación” que no aparece
El comunicado oficial insiste en un supuesto “sendero de desinflación continua”, pero los propios datos oficiales no lo respaldan. La base monetaria pasará del 4,2% al 4,8% del PBI en 2026, un incremento que puede volver a generar presiones inflacionarias si no se controla la cantidad de dinero en circulación.
El cambio en el esquema de bandas del dólar deja una conclusión clara: el Gobierno abandona parte de su relato original y adopta medidas más cercanas a lo que reclaman los mercados, mientras la inflación persiste y las reservas siguen en terreno negativo. La estabilidad cambiaria que se busca preservar convive, otra vez, con una economía cada vez más frágil.
Fuente: Página 12.