Indalecio tiene 4 años, maneja su propia tropilla y sorprende

Recorre los principales festivales del país al frente de su propia tropilla de petisos, perpetuando una tradición campera que contagia a nuevas generaciones.

Desde el corazón de San Antonio de Areco, la familia Casas mantiene viva las raíces rurales que atraviesan a varias generaciones. La relación del tropillero más joven del país, con los caballos está lejos de ser una atracción ocasional. Crecido en el ambiente campero, donde el lenguaje de la fusta, el bozál y el galope se mama desde los primeros pasos, Indalecio aprendió a hablar casi al mismo tiempo que aprendió a entender el carácter de los pingos, cuenta Cecilia su mamá.

Desde su primera presentación en la ciudad que lo vio nacer, cautiva miradas y emociona con su porte arriba del caballo con los petizos que lo acompañan. Recorrió las calles de Areco y dejó los vecinos impactados, mientras muchos niños de su edad descubren el mundo a través de las pantallas, Indalecio prefiere el silbido del viento y la complicidad silenciosa de su tropilla.

Una familia de campo y la herencia de mantener viva la tradición

La historia del pequeño Indalecio y su familia refleja esa pasión que desafía las dinámicas modernas y vuelve a colocar en el centro de la escena la raíz más profunda del ser criollo. El padre de Indalecio mamó el oficio desde la cuna y pasó gran parte de su juventud en las estancias. “Su padre estaba encargado en una estancia y vivió ahí hasta que Tato tenía 20 y pico de años, hasta que el papá falleció”, relata la madre sobre los orígenes de la tradición familiar, recordando que luego se afincaron en “pueblos chicos, pueblo-campo” dedicados de lleno a “la vida de campo, el trabajo de domar caballos”.

Esa misma devoción por las costumbres criollas acompañó la infancia de la madre, marcada por el ejemplo de su propio padre. “De chica siempre viví en el pueblo, pero mi papá toda su vida… ya viene con gente de campo. Siempre trabajó con caballos y todo, y a mí me gustaba, entonces yo como que andaba tras de él siempre”, recuerda con nostalgia, añadiendo que “las vacaciones eran estar en el campo de chica y nos gustó siempre”. La herencia continúa viva en la casa, ya que los hijos mayores “van todos por el mismo camino”, afirma orgullosa Cecilia.

Sin embargo, la llegada de Indalecio marcó un hito que superó todas las expectativas familiares. “Indalecio fue algo como que fuera de lo normal”, señala su madre al recordar cómo comenzó su vínculo formal con los caballos siendo apenas un bebé. “A él, cuando tenía apenas dos añitos, le regalaron la tropilla. Un amigo que tenemos se la regaló”.

El proceso para conformar el conjunto de caballos no fue sencillo ni inmediato. “De a poquito fuimos, porque era de entrepelo la tropilla que tenía y no eran mansos”, explica. Ante ese desafío, la familia asumió la tarea paciente de emparejar los animales, “fuimos armándole de un solo pelo, buscando que sean parejos, hasta que le pudimos armar la tropilla que tiene hoy en día”.

Los petisos que llenaron de ternura los escenarios más importantes del país

Uno de los momentos más emotivos de la 138.ª Exposición Rural de Palermo, Indalesio con su poni blanco y la tropilla junto a su papá

El salto a los escenarios mayores se dio de forma natural pero fulgurante. “El año pasado decidimos que salga por primera vez él con su tropilla“, rememora la madre. La presentación tuvo lugar en el corazón mismo de la tradición, “Lo llevamos acá a nuestro pueblo, en San Antonio de Areco, a la Fiesta de la Tradición, y ahí como que salió por todos lados”. El impacto visual y emotivo de ver a un niño de tan corta edad manejando sus caballos con soltura conquistó al público de inmediato, “Con tres años que ande con una tropilla, anduvo un video que se volvió viral que él, mientras estamos esperando, acaricia a uno de los petisos”.

A partir de esa bisagra en San Antonio de Areco, la agenda del pequeño tropillero no paró de crecer, con la última participación en la Fiesta Nacional del Caballo. “De ahí ya surgieron un montón de invitaciones a otras fiestas”, cuenta su madre con entusiasmo. El recorrido incluyó los escenarios más exigentes y prestigiosos del país, “La primera fue a Jesús María el año pasado. Llegar ahí con su edad era el sueño que todos desean”. Luego se sumaron la Fiesta del Ternero en Ayacucho y múltiples destinos en Córdoba, como Los Reartes y Pasco. De cada rincón del país, la familia atesora recuerdos inolvidables, “de todos lados tenemos un recordito que le van dando y le armamos una vitrina para que él vaya poniendo todas sus cositas ahí”, explica Cecilia.

Las raíces gauchas tienen el futuro asegurado

El fenómeno de Indalecio no solo llena de orgullo a su entorno, sino que encendió una chispa contagiosa en otros rincones del ambiente campero. “Después de que salió él con la tropilla, muchos nenes se animaron, muchos papás se animaron y fueron surgiendo otras tropillas de petisos, que está muy bueno”, reflexiona la madre, destacando la trascendencia del ejemplo, “está re lindo que sigan porque así mantenemos vivo esto, todo lo nuestro”.

Al mirar hacia el futuro, la familia sostiene con serenidad el andar del pequeño. “¿Qué esperamos para él, para su futuro? No sé, que siga con esto, le gusta”, concluye la madre. “Nosotros como padres, como hasta ahora, lo vamos a acompañar y apoyar en todo lo que podamos. Sentimos, imaginate que con la edad que tiene ya recorrió los festivales más grandes y que lo conozcan como lo conocen, nos llena de orgullo”, cuenta Cecilia emocionada recordando con mucha emoción la evasión del publico con cada presentación del pequeño.

Fuente: InfoCielo

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